Hasta que la muerte nos separe

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Hasta que la muerte nos separe

El albergue del alma quiere compartir la siguiente reflexión del libro de Sarah Ban Breathnach. Recuerda que estamos en esta experiencia de vida de paso, que nada es perdurable y que tienes que disfrutar al máximo cada instante de vida.

   Sólo cuando sabemos y comprendemos verdaderamente que nuestro tiempo sobre la tierra es limitado -y es imposible saberlo cuando nuestro tiempo se ha consumado- empezamos a vivir cada día con la máxima plenitud, como si fuera el único que tenemos.

ELISABETH KÜBLER-ROSS

   Visitar nuestros cementerios puede ser muy revelador. Son tan serenos y silenciosos… Tan quedos… Los viejos cementerios nos recuerdan que, hasta que la muerte nos separe, materializar nuestros deseos del corazón es posible todos los días si sabemos lo que nos hace felices.

   En la obra de teatro de Thornton Wilder Our Town hay una escena profundamente conmovedora que se desarrolla en un cementerio. Los espectros consuelan a la joven heroína, que ha fallecido recientemente mientras daba a luz. Emily, anhelando aún la vida que acaba de abandonar, desea revivir un día “cualquiera” de su vida. Cuando hace realidad su deseo, se da cuenta de las muchas cosas que los vivos no aprecian en su justa medida.

   Al final, la experiencia le resulta insoportable. “No me había dado cuenta -confiesa apesadumbrada- de todo lo que pasaba y que nosotros nunca percibimos. Adiós, mundo. Adiós, Grover´s Corners…Mamá y papá. Adiós al tic tac de los relojes… y a los girasoles de mamá. Y a la comida y al café. Y a los vestidos recién planchados y a los baños calientes… y a dormir y a despertarse. Oh, tierra, eres demasiado maravillosa para que cualquiera comprenda tu grandeza…”

   Es durante el período de la Adoración de los Reyes, cuando la renovación de la luz y la revelación se celebran en la liturgia de las iglesias católicas, episcopal y ortodoxa. En nuestro nuevo camino buscamos revelaciones cotidianas -ocasiones en las que podamos experimentar lo sagrado en lo ordinario- y, como Emily acaba haciendo, tomamos plena conciencia de que ya no podemos permitirnos desperdiciar ni tan siquiera un día “cualquiera” sin percibir su excepcionalidad. Debemos estar deseosas de descubrir y luego apreciar los momentos auténticos de felicidad que todas nosotras tenemos a nuestra disposición todos los días.

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