La gratitud: el despertar del corazón

Estándar
La gratitud: el despertar del corazón

   Este es uno de los post más maravillosos que he leído sobre la Gratitud. Una palabra mágica que puede cambiar la vida de cualquier persona. John L. Payne, autor del libro la presencia del alma, escribe sobre ella: “Si existe una cualidad entre los sentimientos que supera a todas las demás en la capacidad de acercarnos a la presencia del alma, no cabe duda de que esa cualidad es la gratitud. La gratitud eleva nuestro espíritu de una manera mágica, y es beneficiosa para todos los ámbitos de nuestra vida: salud, riqueza, relaciones, bienestar y para nuestra habilidad de crear lo que nos gusta.”

    Sarah Ban Breathnach nos comparte esta enseñanza en su siguiente texto en el encanto de la vida simple. Espero que su mensaje llegue a tu alma y a tu corazón.

La gratitud: el despertar del corazón

Los ojos de mis ojos están abiertos.

E.E. Cummings

   Te ha pasado alguna vez? Coges un libro y llama tu atención una frase que parece haber sido escrita sólo para ti. O escuchas una revelación en la letra de una canción. A veces, parece que un ángel te está susurrando al oído.

   Una mañana cualquiera, me di cuenta de que estaba emocional y físicamente agotada por concentrarme en cosas que quería comprar pero no podía permitirme. Me sentía atrapada en un círculo vicioso. Cuanto más me concentraba en las carencias y en lo que no podía poseer, más me deprimía. Cuanto más me deprimía, más me concentraba en las carencias. Mi alma me susurró que lo que realmente anhelaba no era la seguridad económica sino la serenidad económica. Yo estaba lo bastante tranquila como para prestar oído a sus palabras. En aquel momento identifiqué el más hondo afán de mi corazón. Anhelaba una paz interior que el mundo no pudiera robarme. Pedí ayuda y me comprometí a seguir el camino, fuera cual fuera, que me indicara el Espíritu. Por primera vez en mi vida deseché mis objetivos a cinco años vista y me convertí en buscadora, peregrina, aventurera.

   Cuando me desembaracé de mi deseo de seguridad y en vez de ello busqué la serenidad, pude contemplar mi vida con los ojos abiertos de par en par. Ví que poseía muchas cosas por las que estar agradecida. Me sentí humilde ante mis riquezas y me arrepentí de no haber valorado la plenitud que ya existía en mi vida. ¿Cómo iba a esperar más del Universo cuando no apreciaba lo que ya poseía?

   De inmediato, hice inventario de los factores positivos de mi vida: mi salud, un marido maravilloso, una hija preciosa y feliz, la salud de ambos, nuestro hogar (pequeño pero acogedor) y tres preciosos animales domésticos que me alegraban a diario con su incondicional compañía. En la mesa, nunca faltaban los buenos alimentos y hay vino en la despensa. También tenemos la suerte de poseer muchos amigos maravillosos a quienes les importamos mucho y con los que compartimos nuestras vidas.

   En cuanto me puse manos a la obra, la lista empezó a crecer. Amaba mi trabajo; el mundo lo estaba conociendo y era bien recibido. Muchas mujeres me habían hecho saber que mi primer libro había enriquecido sus vidas. Creo firmemente que lo que das al mundo volverá a ti -quizá no todo de una vez o de la forma que esperas- pero si das lo mejor de ti misma, lo mejor volverá a ti. Había llegado la hora de que viviera mis creencias.

   Cuando contemple el libro de mi vida, me di cuenta que era muy afortunada. Lo que estaba experimentando no era nada más que un problema de liquidez temporal. Por último, mi voz interior concluyó que era imposible determinar mis ingresos netos personales a partir del saldo de mi cuenta corriente. Lo mismo es válido para los tuyos.

   La forma en que se llega a esta conclusión no importa. Lo importante es el hecho. Mi corazón empezó a rebosar de gratitud. Comencé a dar las gracias por todo: el jarrón con margaritas que reposa en el alféizar de la ventana de la cocina, la dulce fragancia del pelo de mi hija, el primer sorbo de té por la mañana, el asado de cerdo con manzanas y arándanos de la cena dominica, oír las palabras “te quiero” antes de conciliar el sueño. Todos los días empezaron a ofrecerme auténticos momentos de placer y dicha. Pero, ¿no lo había hecho antes? La diferencia residía en que ahora yo percibía y apreciaba las dádivas con que era obsequiada todos los días. La fuerza de la gratitud me cogió por sorpresa.

   Todo lo que hoy te pido es que abras “los ojos de tus ojos” y contemples la vida con otra mirada. ¿Tienes cubiertas tus necesidades básicas? ¿Tienes un hogar? ¿Alimentos sobre la mesa? ¿Ropa para ponerte? ¿Tienes una fuente de ingresos regulares? ¿Tienes sueños? ¿Tienes salud? ¿Puedes andar, hablar, ver la belleza que te rodea, escuchar música que te revuelve el alma o pone tus pies en movimiento? ¿Tienes familia y amigos a los que amas y te que aman?

   Entonces, haz una pausa para dar las gracias. Deja que tu corazón despierte a la fuerza transformadora de la gratitud. Prepárate para sustituir tu necesidad de seguridad emocional y económica por serenidad. “No hay trompetas que suenen cuando tomamos decisiones importantes en nuestra vida -nos recuerda Agnes de Mille-. El destino se da conocer en silencio.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s